Coronavirus, sociedad y economía

Coronavirus, sociedad y economía

Espero podamos coincidir en que las grandes guerras que ha sufrido la humanidad, luego de ser inspiradas por temas religiosos pasaron rápidamente a tener un trasfondo económico. Es esto en lo principal, por cuanto en aquello hay una importante reserva de poder político, este vínculo entre la economía y lo político lo llamo la tecno-política como el paradigma que ha dominado la modernidad y que se presenta como alternativa de desarrollo post-ilustración. Efectivamente el mandato ilustrado con su consigna “hemos sido vasallos, debemos ser reyes”, pone el centro del quehacer humano en la técnica como una teleología del desarrollo del hombre sobre la base de la explotación de la naturaleza. Heidegger dirá cuando dejemos de sentir el viento y las olas las transformemos en energía potencial, la enajenación del hombre frente a la técnica marcará su destino.

La humanidad sumida en un afán productivo que en lo principal ha buscado el bienestar material  más aún cuando el decir de Nietzsche “Dios ha muerto”, que no es sino la retirada del orden espiritual en todo este proceso.

El afán sin límite y apalancado por ideologías que en dicho afán han promovido la explotación indiscriminada del orden natural, promoviendo además como parte fundamental de su funcionamiento el consumo, la competencia y el individualismo como correlato social. En el extremo de esta ideología se conoce del acerto de Margareth Thatcher al decir que “la sociedad no existe, solo existe el individuo”. Estamos entonces tomando cada vez más conciencia que los fundamentos de la tecno-economía empiezan a entrar en colisión con los límites que el planeta y el hombre mismo contraponen a este devenir que pareciera ser ineluctable. El cambio climático pareciera decirnos a gritos ¡basta!. Las corrientes migratorias con toda su carga de sufrimiento, dolor y desesperanza le agregan la emoción al grito de la naturaleza. La crisis financiera no resuelta desde el 2008 con un creciente desacople entre la economía nominal y la real, deja a los economistas con cada vez menos margen para controlar los rendimientos decrecientes de la economía global.

No podemos entonces esperar que el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, o el Banco Central Europeo ni menos la Reserva Federal puedan seguir poniendo paños fríos disminuyendo las tasas de interés o dándoles mayor liquidez a las economías locales pues es evidente que ya se está en el límite de lo posible y sin resultados.

La economía financiera sigue creciendo, la orbitalización de los capitales supera con creces sus posibilidades de generar ganancias como lo demuestran las tasas de interés negativas que hemos visto en los últimos años. En este escenario de la Real Politic ¿qué se puede visualizar como una eventual salida y de donde podrá emerger? Consideremos por ejemplo la gran crisis del 89 en Estados Unidos, donde se sembraron los cimientos que generaron las dos guerras mundiales, el mundo se rebarajó, surgieron las potencias mundiales que dominaron el escenario de la Guerra Fría y hasta el día de hoy con la sola emergencia de un nuevo actor como China o India en una creciente influencia en el mundo global. Surge así el mundo multipolar, cuyo nuevo diseño pareciera generar cambios en la estructura de poder con los consabidos estertores de quienes van quedando a la zaga.

Frente a todo este despliegue de fenómenos producidos por el hombre en los últimos dos siglos, surge entonces lo que faltaba, la emergencia del cuerpo que por tan ignorado en todo este proceso se hace presente y también dice “basta”. Pero no lo hace sólo desde la vulnerabilidad biológica, sino que emerge con fuerza la necesidad psíquica de la solidaridad, la temporalidad, en sus bajadas del apoyo y la comprensión, de la desaceleración en el ritmo de vida, y el respeto por lo más humano del humano que al decir de Jean Francois Lyotard “hace mucho lo hemos extraviado”.  

Podemos interpretar entonces el Coronavirus como la gran síntesis de un síndrome que se veía avanzar, toda vez que fuimos estrechando los límites a los que no estaba llevando una fuga hacia lo infinito. Lo que el capitalismo exacerbado hizo funcional al enajenar al hombre como parte sustancial de su estructura productiva.

Su rebelión se manifestará como recesión, falta de crecimiento del Producto Interno Bruto y también la muerte de muchos adultos mayores que son los que más presionan al sistema de pensiones a nivel mundial.

Al decir de Zizek, la explosión del Coronavirus ha detonado la epidemia de virus ideológicos que estaban profundamente acendrados en nuestra subjetividad, por la vía de noticias falsas, teorías conspirativas, paranoicas y expresiones de racismo. Pero tal vez otro y más beneficioso virus ideológico se expandirá y probablemente nos infecte; el virus de pensar en una sociedad alternativa, más allá del estado-nación y que se actualice como solidaridad global y cooperación.

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